jueves 25 de octubre de 2007

Decidir

Día a día tomamos decisiones, desde el momento en que nos levantamos decidimos si le hacemos caso al despertador o lo apagamos para seguir durmiendo. Decidimos que es lo que desayunamos, en que medio de transporte viajar. Decidimos si devolveremos la llamada a esa persona insistente que nos ha venido buscando para terminar un trámite en la chamba.


Así como decidimos, somos también víctimas o beneficiarios de nuestras decisiones y de la suma de cada una de nuestras decisiones. Si es que en la mañana decidimos en no hacerle caso al despertador y decidimos tomar desayuno y tomar una combi para ir al trabajo (y si el cúmulo de éstas decisiones se conjugan adecuadamente) llegaremos tarde al trabajo y recibiremos una reta del jefe y en descuento en nuestro salario.


Las cosas que pasan en su mayoría son resultado de un conjunción de decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida y que otros toman a lo largo de la suya. Por ejemplo, hace poco conversaba con un amigo y una amiga, y ella nos decía que -quien iba pensar que después de tanto tiempo- (y es que si bien nos conocimos cuando estábamos en el colegio, no nos habíamos visto durante la época de la universidad) -nos volveríamos a ver-, y atribuía ese momento a cuestiones del destino (por lo menos eso yo entendí que trataba de decir).


Pues bien, considero que no deberíamos darle tanto crédito al destino, pues si con esos amigos nos encontramos es por la suma de elecciones que tomamos cada uno para encontrarnos en ese momento. Pues si no hubiéramos decidido cada uno individualmente cambiar de ciudad para seguir nuestros estudios, si no hubiéramos decidido ponernos en contacto en determinado momento, y si no hubiéramos decidido mantenernos en contacto después del primer encuentro quizás aquella reunión nunca se hubiera producido.


Por otro lado, soy consiente que hay cosas que uno no puede entender, cosas que escapan a nuestra comprensión y que es posible que la atribuyamos al destino. Pues no negaré que esas cosas que no entiendo hay que atribuírselas a alguien... y en éste caso... y solo en este caso creo que el destino juega un papel importante, aunque secundario pero importante.


No quisiera pensar o sentir que mi futuro depende de algo llamado destino... de un conjunto de fuerzas aleatorias que se juntan para producir hechos impredecibles y que no soy capaz de controlar... no quiero pretender ser un omnipotente pero prefiero procurar que las cosas pasan porque yo las genero, no porque el destino tira los dados, pues en ese juego no estaría tan seguro que me hagan trampa.


En los siguientes Post seguiré tratando de éste tema, a través de ejemplos, historias e ideas que se me vengan a la cabeza.