
Ante los ojos de la gente de un pequeño pueblo de la sierra de Moquegua, un joven Sacerdote les guiaba en la Oración del Rosario. Habían pasado algunas semanas del terremoto de junio del 2001, y aquellos pobladores necesitaban Paz y la hallaron en la Oración junto al supuesto Sacerdote. Lo que ellos no sabían, es que éste joven era un Laico, que se encontraba de voluntario en aquel pueblo; pero la ignorancia de ésta situación les condujo al estado de Paz que necesitaban.
El domingo es el único día en el que me doy tiempo para leer el periódico, durante el resto de la semana he elegido no hacerlo, considero que es más valioso para mi utilizar ese tiempo en trabajar, estudiar o hacer otras cosas. Al abrir el periódico selecciono por la sección y el titular la noticia que leeré; he escogido solamente enterarme de ciertos acontecimientos y de otros no; y es que para mi sólo genera valor las noticias que decido leer.
He decidido convertirme en un Ignorante Racional. Creo que todos de cierta forma somos ignorantes racionales, por ejemplo, se sabe que diario mueren una gran cantidad de niños por falta de alimentos, agua potable, guerras u otras razones; sin embargo eso no nos afecta. Hemos preferido ignorarlo. Por supuesto de una forma racional, pues ese diario e inevitable sufrimiento deprimiría a más de uno y para evitar eso y continuar con una vida llena de sentimientos positivos preferimos ignorarlo.
Cuando pasamos por la calle y observamos a un mendigo extendiendo la mano podemos optar por atenderlo o por seguir de frente y superar lo que le suceda. Y así podemos seguir con innumerables ejemplos de la vida diaria; y me refiero en todas sus facetas. Incluso hay algunas frase populares que reflejan claramente lo que estoy tratando de decir como “ojos que no ven corazón que no siente”, “a caballo regalado no se le mira el diente”, etc.
Como consumidores de información escogeremos consumir sólo aquella que consideremos que sea útil para nosotros, y creo que con buen criterio teniendo en cuenta la gran cantidad que existe disponible en el mercado, hoy por hoy, sería imposible conocerla toda.
Pero como ofertantes de información cuál es la que debemos proporcionar al Mercado. La respuesta es “depende”. Como parece evidente, en nuestra calidad de proveedores de información existirá información que para nosotros será más fácil conseguir que para el consumidor. En éste sentido, la información que proporcionemos al consumidor debe ser aquella que le lleve a éste último a tomar la decisión más adecuada para él y que sea concordante con las expectativas que el tiene.
Por ejemplo, cuando invitamos a alguien a nuestra casa es lógico que sea para compartir un rato agradable, no lo hacemos para que barra el patio o pinte la cerca. En éste caso, el ofertante de información no trasmitió la información adecuada al receptor para que adoptara una adecuada decisión, pues de haber tenido la información adecuada quizás jamás se hubiera acercado por la casa del primero.
He tratado de mostrar dos caras de la misma moneda, la oferta y demanda de la información. En ambos casos nos compartamos de dos formas distintas. Como demandantes de información podemos elegir entre conocer algo o no hacerlo. Como ofertantes, lo óptimo sería que transmitiéramos la información que los demandantes de ésta necesiten para tomar la decisión que convenga a sus intereses y expectativas.
Con respecto a la ignorancia racional, no quisiera ser mal interpretado, hay cosas que no sería justo que las obviemos. Sin embargo considero también que depende de cada uno de nosotros tomar esa elección.
Quiero compartir con ustedes una Oración de San Alberto Hurtado, Jesuita chileno canonizado hace unos años; espero que nos ayude a reflexionar sobre la Ignorancia Racional y sus desventajas.
Llamado a Algo Grande
Tú que con toda humildad y verdad,
descubres huellas del paso de Dios por tu vida.
Reflexiona serenamente.
Tus grandes aptitudes, tu sentido social,
tu espíritu apostólico,
tu capacidad de arrastre y organización,
tu don de simpatía, tu facilidad para orar
son dones de Dios.
Ellos no te han sido dados para que te recrees vanidosamente
en ellos, ni para captar aplausos,
ni como medios de surgir orgullosamente,
sino, como poderosas herramientas de acción
dadas en servicio de la comunidad.
Si alguna vez en tu vida recibes un llamado
a algo grande y generoso,
¡No vaciles!.
El domingo es el único día en el que me doy tiempo para leer el periódico, durante el resto de la semana he elegido no hacerlo, considero que es más valioso para mi utilizar ese tiempo en trabajar, estudiar o hacer otras cosas. Al abrir el periódico selecciono por la sección y el titular la noticia que leeré; he escogido solamente enterarme de ciertos acontecimientos y de otros no; y es que para mi sólo genera valor las noticias que decido leer.
He decidido convertirme en un Ignorante Racional. Creo que todos de cierta forma somos ignorantes racionales, por ejemplo, se sabe que diario mueren una gran cantidad de niños por falta de alimentos, agua potable, guerras u otras razones; sin embargo eso no nos afecta. Hemos preferido ignorarlo. Por supuesto de una forma racional, pues ese diario e inevitable sufrimiento deprimiría a más de uno y para evitar eso y continuar con una vida llena de sentimientos positivos preferimos ignorarlo.
Cuando pasamos por la calle y observamos a un mendigo extendiendo la mano podemos optar por atenderlo o por seguir de frente y superar lo que le suceda. Y así podemos seguir con innumerables ejemplos de la vida diaria; y me refiero en todas sus facetas. Incluso hay algunas frase populares que reflejan claramente lo que estoy tratando de decir como “ojos que no ven corazón que no siente”, “a caballo regalado no se le mira el diente”, etc.
Como consumidores de información escogeremos consumir sólo aquella que consideremos que sea útil para nosotros, y creo que con buen criterio teniendo en cuenta la gran cantidad que existe disponible en el mercado, hoy por hoy, sería imposible conocerla toda.
Pero como ofertantes de información cuál es la que debemos proporcionar al Mercado. La respuesta es “depende”. Como parece evidente, en nuestra calidad de proveedores de información existirá información que para nosotros será más fácil conseguir que para el consumidor. En éste sentido, la información que proporcionemos al consumidor debe ser aquella que le lleve a éste último a tomar la decisión más adecuada para él y que sea concordante con las expectativas que el tiene.
Por ejemplo, cuando invitamos a alguien a nuestra casa es lógico que sea para compartir un rato agradable, no lo hacemos para que barra el patio o pinte la cerca. En éste caso, el ofertante de información no trasmitió la información adecuada al receptor para que adoptara una adecuada decisión, pues de haber tenido la información adecuada quizás jamás se hubiera acercado por la casa del primero.
He tratado de mostrar dos caras de la misma moneda, la oferta y demanda de la información. En ambos casos nos compartamos de dos formas distintas. Como demandantes de información podemos elegir entre conocer algo o no hacerlo. Como ofertantes, lo óptimo sería que transmitiéramos la información que los demandantes de ésta necesiten para tomar la decisión que convenga a sus intereses y expectativas.
Con respecto a la ignorancia racional, no quisiera ser mal interpretado, hay cosas que no sería justo que las obviemos. Sin embargo considero también que depende de cada uno de nosotros tomar esa elección.
Quiero compartir con ustedes una Oración de San Alberto Hurtado, Jesuita chileno canonizado hace unos años; espero que nos ayude a reflexionar sobre la Ignorancia Racional y sus desventajas.
Llamado a Algo Grande
Tú que con toda humildad y verdad,
descubres huellas del paso de Dios por tu vida.
Reflexiona serenamente.
Tus grandes aptitudes, tu sentido social,
tu espíritu apostólico,
tu capacidad de arrastre y organización,
tu don de simpatía, tu facilidad para orar
son dones de Dios.
Ellos no te han sido dados para que te recrees vanidosamente
en ellos, ni para captar aplausos,
ni como medios de surgir orgullosamente,
sino, como poderosas herramientas de acción
dadas en servicio de la comunidad.
Si alguna vez en tu vida recibes un llamado
a algo grande y generoso,
¡No vaciles!.